Días horribles. Llegas a tu casa y lo único que haces es tumbarte en la cama con ganas de llorar. Hoy no te ha hecho ni caso. Ni siquiera te ha mirado.
Todos esos abrazos, esas caricias, esas miradas en medio de clase; se han convertido en una despreciable sensación.
''Júrame un siempre'' y me lo juró. Fui tan agilipolladamente tonta de creérmelo, pero aún así no me arrepiento.
Miro al techo. Me pregunto que hubiera pasado si nunca le hubiera conocido. ¿Quién sería el amor de mi vida?
Miro el móvil. Que va, no me ha llamado. Ni si quiera un mensaje que leer. La primera lágrima se me escapa. Rápidamente la segunda. Al segundo salen mares de mis ojos. ¿Cómo le puedo querer tanto? ¿Qué he hecho para que ahora ni me hable?
La respuesta; eres mucho para un gilipollas.
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