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lunes, 26 de marzo de 2012

Hay que sonreír. Hay que ser feliz a pesar de todo.

De repente, sientes que esa sensación recorre tu cuerpo. Algo recorre tu cuerpo, no sabes qué es, pero te hace sentir bien; muy bien. Piensas que todo es posible, miras al techo y puedes ver su rostro. Llegas a tocar las estrellas, mejor dicho, las atraviesas. Piensas en un futuro, en un ''nosotros''. Y ahí es cuando te das cuenta, de que efectivamente, estás enamorada. Le das vueltas al asunto. Sabes que él no te quiere, pero la esperanza te hace estas más segura que nunca de lo que sientes. De repente, aparece ella. Te viene esa imagen en la que la ves sonriéndole, como una gilipollas. Y él, la devuelve la sonrisa. Te quedas callada. Lloras. 
Entonces, es cuando dices ''¿y si me olvido de él?''. Sabes que no podrás, pero el amor es así. Dicen que es de dos, pero siempre hay un tercero. Ahí justamente es cuando te das cuenta de que para olvidar  una sonrisa se necesita una vida, pero para tener un vida se necesita una sonrisa.

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